top of page
DSC09284 pan.jpg

NOSOTROS

"En julio de 2013 puse rumbo a Brasil para recorrer Sudamérica. Lo que no sabía era que me iba a encontrar con una inesperada amiga que cambiaría el devenir de mi viaje (y de mi vida). Cinco años después, no contento con una decidí adoptar otra perra que nos deparó el camino en la India. Son las dos mejores decisiones que he tomado nunca"

Aloha amigos! Somos Rober, Cocaí y Chai, tres amigos inseparables de tres naciones muy distintas: España, Bolivia e India. Un reflejo de lo que nos gusta hacer, que es recorrer el mundo y descubrir sus culturas –humanas y perrunas– al tiempo que vivimos aventuras. Hemos viajado por Sudamérica (2013-2014), Norteamérica (2016-2017) y Asia (2019-2021), fundamentalmente en autostop y cargando una mochila en la que cabe una tienda de campaña y cuatro cosas contadas. En 2023 se viene una nueva aventura: África. En base a nuestra experiencia damos consejos para viajar con perro y documentamos nuestras vivencias por aquí y en redes sociales: @viajerosperrunos. Si te gustan los perros y los viajes acompáñanos en esta aventura canina. ¡O quizá te animemos a lanzarte a buscarte la tuya propia con tu amigo peludo!

 YO (ROBER) - MADRID, ESPAÑA - MAYO 1990 

DSC00102.jpg

Soy biólogo y graduado en psicología, pero mi gran pasión es viajar y escribir sobre pueblos, religiones y culturas, donde también entran los perros y su relación con los humanos. Desde pequeño, influido por los valores que me inculcaron mis padres (y las escapadas de camping y trekking junto a ellos por la geografía de mi país), he sido un apasionado de los animales y la naturaleza. El espíritu de mochilero afloró con el viaje que hice en solitario a Ucrania en 2010, en el ecuador de la carrera de biología. Ese verano descubrí los desafíos, la adrenalina y el sumergirme en una cultura como nunca antes. Tres años más tarde, en 2013, vino mi gran oportunidad al recibir una beca de estudios para hacer el proyecto final de biología en Brasil. Después fui libre de cumplir mi sueño desde niño: recorrer Sudamérica. Pero ese año y medio significó mucho más que un viaje... El encuentro con Cocaí, mi compañera de vida de la última década, sumado al amor por viajar y la vida en ruta serían la motivación para seguir viajando años más tarde. A raíz de las muchas preguntas que me hacían sobre cómo era posible que viajase con una perra sin vehículo propio, nació “Viajeros Perrunos”, un blog en el que contaba mis experiencias y consejos para lanzarse a la aventura canina. Los objetivos se expandieron en el tiempo y, de hecho, es lo que a día de hoy verdaderamente me motiva e inspira a continuar viajando.

Son tres los pilares de nuestro proyecto: 1) “empoderar” a potenciales viajeros perrunos; 2) ayudar a refugios y generar conciencia animal; 3) aprender sobre la cultura perruna en distintos países y escribir sobre ella. Además de haberse formado una bonita comunidad virtual que me anima, la web y las redes sociales me han permitido financiarme durante los últimos años de viajes. Lo hago fundamentalmente a través de postales con microrrelatos de cada país que visitamos y varios libros que he escrito y que la gente puede comprar en mi tienda y por Amazon.

Después de Sudamérica estuvimos año y medio en Norteamérica (México, USA y Canadá) y casi tres años en Asia: Turquía, Georgia, Armenia, Irán, Pakistán e India. Desde 2019 también con Chai, adoptada en la India y que completa este trío de viajeros perrunos. Nuestro estilo de viaje es austero, moviéndonos en autostop y durmiendo en nuestra tienda de campaña. Para empezar porque los ingresos son modestos, pero más importante aún: porque es como realmente disfruto (disfrutamos). El autostop es la forma de viaje que más te conecta con la gente, la razón de ser de la mayoría de viajeros de largo recorrido. Una especie de filtro en el que por norma te tocará esperar horas en la carretera, pero a cambio te regala las más bellas personas, dispuestas a subir en su vehículo a un extraño (y a sus perras). Muchas veces te invitan a sus casas, la mejor forma de conocer un país. Aclaro que Cocaí y Chai, lejos de sufrir como me han preguntado más de una vez, son perras todoterreno y para ellas ir en moto, camioneta o camión es una aventura. Quizá porque lo han mamado desde cachorras. En cuanto a acampar, no hay nada que nos guste más a los tres. Solemos movernos por zonas rurales y naturaleza más que por ciudades porque a ninguno nos van mucho y, además, con perro se complica.

 COCAÍ - SAMAIPATA, BOLIVIA - MAYO 2014 

DSC_0137 pan_edited.jpg

Cocaí y yo nos encontramos en la yunga boliviana el 20 de junio de 2014, apenas un mes después de que naciese. Estaba abandonada en unos cartones, infestada de garrapatas y enferma. Mi idea era desparasitar y vacunar a la cachorra para luego dársela a alguna familia boliviana que la quisiese. ¿Cómo iba a llevarme a una perra de viaje? Sin embargo, tras reposar unos días por su salud, retomé el viaje con ella. Juntos recorrimos la zona selvática boliviana, nos embarcamos en un largo viaje fluvial en Brasil, festejamos durante unos días en las fiestas de la triple frontera (Brasil, Perú, Colombia), exploramos el desconocido norte peruano y llegamos a uno de nuestros países favoritos: Ecuador. Para entonces me había encariñado de ella irremediablemente… y la acabé adoptando. ¡Una de las dos mejores decisiones de mi vida! Cocaí es en realidad un nombre compuesto, como buena boliviana que es: Coca Açaí. Coca por la hoja de la planta mágica y poderosa de la cultura andina; Açaí por el fruto de una palmera de la selva amazónica, repleta de propiedades y con un sabor único. La combinación de dos plantas potentes de la cultura sudamericana. No sé si el haber estado al borde de la muerte de cachorra marcó su personalidad, pero el caso es que siempre, desde pequeñita, ha sido muy especial. Y no lo digo yo, lo dice todo el mundo que la conoce.

Su forma parsimoniosa a la hora de moverse, el llegar a un paisaje y quedarse contemplándolo durante minutos como si fuese un monje budista en trance meditacional o sus ratos sagrados para estar a solas, lo más lejos posible de cualquier ruido, son algunas de sus peculiaridades. Es sin duda alguna la perra más tranquila e inteligente que conozco. En realidad es como si tuviese dos modos: el de perra pachona que busca estar tranquilita, muchas veces incluso sola, y el de perra aventurera que nos guía y protege. El primero lo lleva a cabo cuando estamos en Madrid o en cualquier ciudad en que nos asentemos un tiempo. El segundo modo lo pone en marcha en la naturaleza, ya sea que estemos de pícnic con colegas, de trekking por el Himalaya, acampando en cualquier bosque, playa o desierto y, por supuesto, en la parcela a una hora de Madrid de mis padres, su Jardín del Edén. Y esa es su misión principal en la vida (porque todo perro tiene una misión): guiar y proteger a su manada. Aunque no haya nada de lo que nos tenga que proteger, aparte de vacas, pájaros u otros bichos no humanos. Así es, Cocaí es muy pelota de nuestra especie, el único animal que realmente ama.

 CHAI - DESIERTO DE THAR, INDIA - NOVIEMBRE 2019 

DSC_0239_edited_edited.jpg

Chai nació en India en noviembre de 2019, donde nos topamos con ella apenas un mes más tarde. Y si su hermana es de la selva amazónica, Chai es ni más ni menos que del desierto de Thar, Rajastán. A diferencia de Cocaí, Chai estaba perfectamente. Nos hallábamos acampando entre las dunas la noche de Nochebuena cuando llegó caminando a nosotros por su propio pie. A la mañana siguiente buscamos a la madre, pero no había ningún perro en el desierto. No podíamos dejarla ahí, sin agua ni nada, así que cargué con ella hasta la próxima población, Jaisalmer, donde pretendía buscarle una familia. Sin saber muy bien cómo acabé adoptándola, a pesar del lío de papeles que me supondría y que ya apuntaba maneras de lo revoltosa que era. ¡La otra de mis dos mejores decisiones! La llamé Masala Chai porque si había existido una constante en los países que habíamos cruzado en Asia esa era el té… y estábamos en India. Siempre será un enigma sus orígenes: quién era su madre, si era callejera o tenía hogar, y desde luego cómo demonios llegó hasta el desierto… ¿¡Un regalo de Papa Noel o una maldición hindú!? La hermana pequeña es la otra cara de la moneda: un demonio de Tasmania libre, caótico, travieso y juguetón que siempre ha actuado y luego ha pensado en las consecuencias. Léase correr como loca en todas direcciones, tratar de jugar con todo perro, gato, cabra, vaca o mono que se

encuentre, abrir bolsas, papeleras, puertas, armarios (y todo tipo de compuertas que uno pueda imaginarse) en busca de comida, robarle el hueso de turno a sus enemigos callejeros (y a sus amigos también) y echar por patas con él en la boca. Por poner unos pocos ejemplos. ¡Podéis imaginaros la guerra que me dio los dos primeros años! Casi tanta como las risas y buenos momentos. Por suerte, ha empezado a calmarse e imitar a su hermana mayor. Y lo que es más impactante y reconfortante: ha aparcado un poco su independencia y libertad para acoger con gusto el amor y las caricias. Por fin hay algo en lo que ambas son iguales: son unas yonquis de los mimos. Les encanta que las toquen y los masajes. “¿Y su misión? Dijiste que todos los perros tienen una misión, no?”. En cuanto a eso… Digamos que su objetivo en la vida es disfrutar y ser (y hacer) feliz. Os aseguro que no hay perro que haya tenido una infancia más apasionante que Chai, muchas aventuras de las cuales solo conoce ella. Tanto es así que estoy pensando escribir un libro sobre sus dos primeros años de vida.

bottom of page