Experiencias viajeras de Nuska: la pequeña guerrera peluda


INTRO (por Rober)

La entrañable historia viajera de Anna y Nuska comenzó de una forma peculiar: uniendo fuerzas en las competiciones de Agility por Europa. ¡Aquí tenéis un video en donde se aprecia lo buenas que eran las dos!

Más tarde, ya siendo Nuska una perra adulta de 7 primaveras, empezó la etapa de mochilera al otro lado del charco. Anduvieron viajando por Panamá y Colombia moviéndose en bus fundamentalmente. Aunque en muchos no les dejaban entrar, Anna aprendió pronto a colarse a hurtadillas con Nuska en la mochila o bajo una manta. ¡Todos los trucos son bienvenidos para viajar con nuestros canes!

Ya de vuelta en España, y tras un descanso viviendo una “vida normal”, comenzaron a dar vueltas por España y Portugal con una nueva táctica: la de alzar el dedo. A partir de entonces, el autostop se convirtió en su forma favorita de viajar. “Método” que aplicaron a sus siguientes viajes por Europa y México. Hasta que la edad de Nuska dijo que ya estaba bien de viajes, que se había ganado ya una buena vida de sofá.

Nota. Los viajes en avión fueron constantes, la mayoría de los cuales pudieron realizarse en cabina, debido al pequeño tamaño de Nuska (Snchanuzer miniatura). Muchos son los que estarían horrorizados ante la idea de llevar a su perro en avión. Es verdad que no es plato de buen gusto para nadie, pero hay algunos perros que, como Nuska (o la propia Cocaí), parecen haber nacido para viajar y soportar las adversidades. Nuska es, ha sido y será desde luego una perra guerrera cuya huella en el mundo permanecerá para siempre.

Hola, me presento, yo soy Nuska, nací hace 13 años en un pueblito de Catalunya, mi vida podría haber sido pequeñita, pelotas, vuelta a la manzana y sofá, pero no fue así, aquí les cuento mi historia. Escogí a Anna como compañera, una adolescente con poco conocimiento sobre perros, pero con mucho amor y ganas de aprender, yo siempre fui sabia y confiaba en mí misma, así que decidí caer a su lado para ser su maestra. Le enseñé muchas cosas, yo creo q todo lo importante, pero aquí me voy a centrar en lo referente a los viajes.

Nuestros primeros viajes juntas fueron a las competiciones de Agility, qué tiempos aquellos, yo era joven y atlética, nadie podía pararme, Anna me transmitía su energía competitiva y yo mi alegría por hacer algo juntas, un equipo perfecto!!!! Aviones, aeropuertos, permisos, pasaportes y largaaaas horas de transportín, en el aire, en el maletero de un coche, sobre la yerba viendo de reojo las pistas de competición. Así conocí Francia, Alemania, Holanda y algunas partes de España lejos de Catalunya, fue muy divertido.

Época agilitista y rastera

Pasaron los años y ya no tenía el cuerpo de antaño así que cambiamos los viajes de competiciones de Agility por otro tipo de viajes, mucho más divertidos sin duda. El primer gran viaje que hice fue a Panamá, acompañé a Anna a acabar su carrera universitaria en ese país, hasta entonces nunca había salido de Europa y para mí fue un shock muy grande, había pájaros de mi tamaño caminando por las calles (pelícanos los llamaba ella), tormentas que hacían 10 veces más ruido que las de aquí y perros, muchos perros en las calles, pero no eran como los de los parques de España, solían ser esquivos, siempre en las esquinas, tenían miedo a la gente (seguro no conocían a Anna) y nunca querían jugar, solo buscaban comida tooodo el día, para ser perros eran bastante raros. Bueno sigamos con la historia, Panamá no estaba mal, pero no había parques ni montaña, no había manera de caminar por la naturaleza como solíamos hacer en Catalunya, los perros no podían entrar a los lugares naturales, Anna me dijo que era peligroso para mí pues había muchas serpientes, arañas y jaguares (no entendí nada, pero la creí y siempre la esperaba en casa pacientemente). Pero bueno, tampoco nos quejemos tanto, que encontramos lugares maravillosos como estos:

Bocas del Toro, Panamá

Nadando con mi humana favorita

Subiendo al Volcán Barú. Esta aventura fue muy heavy porque nos perdimos y tuvimos q caminar durante dos días sin agua y sin comida, durmiendo en el suelo con un frío increíble. Un año después subimos de nuevo a dar las gracias a la montaña por habernos permitido seguir con vida

Después de Panamá llegó Colombia, este país es mucho más benévolo con los perros que Panamá, había muchos pequeños parques y más naturaleza accesible a nosotros, aunque si eran más estrictos con las normativas, una vez recuerdo que para que yo pudiese conocer una reserva natural mi humana me tuvo que dar a un local que vivía en el parque para que pasara conmigo como si fuera su perra (no se qué pensaría el guardia del parque al verle pasar con un Schnauzer miniatura de raza con el corte típico), y luego pasar ella como turista normal, claro, entramos por una entrada nada común y tuvimos que caminar hasta la parte turística un buen rato, pero fue divertido, creo que le pagó al local con aguacates!!!! No todo era siempre tan fácil, en el amazonas no hay puentes para cruzar los ríos, ni caminos que seguir, el guía va cortando las hojas con un cuchillo enorme y cuando te cruzas un río casi siempre solo hay un palo de unos dedos de ancho para que lo cruces haciendo equilibrios sobre él, obviamente yo no podía caminar sobre esos palos que no estaban sujetos a nada y eran tan estrechos, Anna no me podía llevar en brazos, porque necesitaba sus manos para agarrarse a otro palo con el que hacer equilibrios, así que me tocaba cruzar los ríos nadando, no era muy difícil pero mi humana siempre lo pasaba fatal, la escuchaba rezándole al Dios de los caimanes y las pirañas para que me perdonaran la vida, debía tener muy buena relación con ese Dios, porque nunca me pasó nada. Aquí os dejo un par de fotos de nuestras aventuras por Colombia:

En Santa Marta

Buscando flamencos en un lago en la Guajira colombiana, y yo como pez en el agua en la barquita

Haciendo felices a unos niños, les generé tanta impresión que salieron todos de clase para jugar conmigo

Pero en ese país no todo son buenos recuerdos, cogimos el avión bastantes veces porque no es un país tan fácil de cruzar en autobús, el caso es que cuando estábamos en la selva amazónica e íbamos de vuelta a la capital la señora de la compañía aérea nos paró en la fila y me denegó subir al avión, era un problema de su conocimiento de la normativa de la aerolínea, al final hablando con un superior se solucionó todo, pero vaya susto, ya me veía siendo adoptada por una familia de jaguares. Otra vez, ya a punto de dejar el país, en la capital nos denegaron subir por falta de un permiso, después de algunas lágrimas de cocodrilo y muchas suplicas le hicieron firmar un papel conforme si pasaba cualquier cosa en el país de entrada la aerolínea no se hacía responsable de mi vuelo de vuelta, tuve suerte, el país al que íbamos era Panamá y son muuuuy relajados con las normativas, nunca me denegaron la entrada.

Después de Colombia regresamos a España otra vez para disfrutar de un merecido descanso, aunque no duró mucho porque en menos de un año Anna estaba ya con la mochila al hombro y ruteando en autostop por la península, como siempre yo la acompañaba, pero ya no era la perrita joven de antes y ese tipo de viajes ya no se adaptaban a mi edad, disfrutaba, pero muchas veces me superaba la imprevisibilidad del viaje, ya no toleraba igual el calor, las largas caminatas o los lugares llenos de gente. Aun así, conocí Portugal, donde Anna y yo convivimos con una manada de caballos en una parcela y dormíamos en una auto caravana, fue muy divertido, nunca había convivido con caballos y he de decir que rápidamente me di cuenta de que, aunque eran 200 veces más grandes que yo, si les enseñaba mis colmillos ganaba todas las batallas, son animales listos, siempre me respetaron. Aunque ya no podía acompañarla en sus rutas a caballo disfrutaba mucho cuando íbamos a bañarnos a los lagos naturales. Luego siguió todo el sur, fue la parte más dura del viaje porque caminamos muchos días por las playas y el sol en julio era abrasador. Yo ya estaba muy cansada del viaje, y Anna decidió volver a Barcelona. Desde hacía unos años cada vez que hacíamos un viaje largo yo enfermaba, nunca de cosas graves claro está, pero poco a poco pequeñas enfermedades crónicas que en una vida tranquila y estable no daban síntomas en el viaje se mostraban. Aunque ese no fue mi último viaje, ya que después cruzamos el charco otra vez hasta México, fue el viaje en el que mi humana entendió que no todos los viajes son para todos los perros, en todas las edades.

Os voy a explicar brevemente mi último viaje, en México. México fue un país muy amante de los perros comparado con los otros dos países de América Latina que visité. La gente siempre me saludaba por la calle y me daban comida en los restaurantes, rápidamente aprendí a escaparme de la casa para ir al asador de pollos de la esquina a mendigar las sobras, a ellos no parecía molestarles mi presencia. El viaje por México fue uno de los más largos y duros, ya que pasamos por todo tipo de climas, paisajes y situaciones. Empezamos a viajar de manera rutinaria con los camioneros, a mí me encantan los camiones, siempre hay muchísimo espacio en la cabina para que pueda estirarme felizmente a dormir, además suelen llevar el aire acondicionado o la calefacción a tope!!

Estos cartelitos nos ayudaban a conseguir un ride rapidito.

En este viaje no pudimos caminar mucho por la naturaleza ni llegar a lugares tan paradisiacos como en Colombia, ya que generalmente siempre había gente que avisaba a Anna de no seguir por ese camino o por ese otro, nunca entendí bien el porqué, pero vi que la gente solía tener miedo a ir sola por lugares deshabitados. Además, yo no podía caminar mucho ya, mis huesos ya no son lo que eran y cargaba algunos problemas de espalda, así que sobre todo visitábamos las ciudades y bastantes pueblitos muy pintorescos, muchas veces yo me quedaba en la casa donde nos alojábamos (Anna usaba algo que ella llamaba Couchsurfing, no entiendo qué era exactamente, pero siempre me trataron genial), mientras ella se iba a visitar. Después de unos meses haciendo eso, yo cada vez llevaba peor los cambios de climas, las espera y las caminatas, así que Anna tomo la decisión de volver para darme la jubilación que tan merecida tengo.

Ahora por fin, ya puedo descansar y soy súper feliz todo el día en el sofá de casa, no me arrepiento de todas las experiencias que tuve, ya que me convirtieron en una perrita muy equilibrada y con muchísimo conocimiento del mundo, sé siempre exactamente lo que he de hacer sin que me lo digan y según dice Anna soy la perra más creativa que ha conocido. Así que esta ha sido mi historia, espero que os haya gustado y que gracias a mis consejos muchos otros perritos dejen el sofá de casa y se embarquen al descubrimiento del mundo junto con sus humanos.

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